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Alfonso López Chapa | Presidente
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DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA
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Me asalta de vez en cuando una reflexión que nace de la observación de las conductas de ciertos padres, frente a los menores, frente a los hijos, en la forma de mostrar, u ocultar, sus hábitos menos saludables, más destructivos: las adicciones al tabaco y al alcohol.
Es curioso observar como algunos padres, quizás concienciados, conscientes de su flaqueza, sabedores de que su adicción les domina –a pesar de ser conscientes de los efectos perniciosos que sobre su salud u sobre su psiquis está provocando- y, a la hora de fumar o beber, procuran hacerlo a escondidas. Salen a la terraza, a una ventana o, incluso, se encierran en el cuarto de baño para allí, en absoluta soledad apurar el vaso de licor y unos cigarrillos (suelen encender el siguiente con la colilla del anterior). Abren luego las ventanas para ventilar el ambiente, evitando que el desagradable olor a tabaco, o al alcohol, se pegue a las paredes, a la ropa, al aire que he de respirar luego toda su familia. Mascan chicle, o utilizan un spray para disimular el fétido aliento.
Es una forma más habitual de los que podamos creer, de consumir tabaco y alcohol, de abandonarse a lo adicción pero evitando hacerlo en presencia de los hijos.
Sin embargo es, seguramente, más frecuente el polo opuesto del adicto, aquel que no sólo no oculta sus aficiones sino que, en cierta forma, involucra a sus hijos en el acto de beber y fumar. Son esos padres que, arrellanados en el sofá frente al televisor, piden a gritos a cualquiera de sus hijos que le traigan otra cerveza del frigorífico, o la botella de tal o cual licor.
Son esos padres que cuando la ceniza de las colillas se salen del cenicero, en un gesto infrecuente de lucidez, encomiendan al hijo, o a la hija, que se lo lleve, que lo limpie y se los traiga de nuevo para volver a llenarlo en un par de horas, mientras las botellas de cerveza, o los vasos de “cubatas”, van ocupando el cristal de la mesa.
Y, en esa atmósfera, densa e insaludable, de humo flotando en el aire que respiran todos miembros de la familia, se mira la película en la tele, se come se merienda y se cena. Son dos formas diferentes de “vivir” la adicción y de hacérselas vivir a sus seres queridos.

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